MERCANCÍA

Clase 5 nov. 2009 según los apuntes de Eladio Chinea (revisado por el profesor)

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  1. 1.      La mercancía como comienzo

El primer capítulo de El Capital se titula “la mercancía”. Ese comienzo, precisamente ese comienzo, requiere una explicación.

Marx nos hizo saber  ya: que el libro tiene por objeto “el modo de producción capitalista y las relaciones de producción e intercambio a él correspondientes”; que se propone “sacar a la luz la ley económica que rige el movimiento de la sociedad moderna”.  Pero, la necesidad de un trabajo de ilustración –“sacar a la luz”- indica que esa ley se encuentra oculta. Marx plantea el acceso a eso encubierto, por así decirlo, “intentio obliqua”-. No a través de una exposición directa de esa ley, sino de un proceso de ir ganándola por medio de la ciencia más refinada que se ha dado a sí misma esa “sociedad moderna”: la economía política. Así, el medio teórico para el desvelamiento de aquella ley se concibe como: crítica de la economía política.

En la carta a Lassalle de 22 de febrero de 1858, Marx expuso la idea de esa crítica del modo siguiente: “El trabajo [Kapital] de que se trata es, en primer lugar, la crítica de las categorías económica o bien, if you like, el sistema de la economía burguesa presentado en forma crítica. Es un cuadro del sistema y, a la vez, la crítica del mismo a través de su propia exposición”.

Habría mucho que pensar aquí sobre la conexión con Hegel –en especial con la Lógica-, y la cuestión de la dialéctica materialista…. Lo primordial ahora es quedarse con el programa de trabajo que se propone: una exposición crítico-sistemática de la economía política a través de sus categorías fundamentales.

Pues bien, la categoría con la se comienza es “mercancía”. Marx no explica de forma concluyente por qué ese comienzo –al final del camino de El Capital, quebrado e interrumpido, se llega a entender –dice el profesor- que no podría haber sido otro el comienzo. Hay una fuerza conclusiva “a tergo” que justifica la necesidad de ese comienzo, -el profesor nos pide que le creamos si queremos. Es un problema que queda de todos modos abierto a interpretaciones posteriores.

  1. 2.      La mercancía como “forma”

La mercancía, die Ware, pues, asumida tanto como célula más elemental de la sociedad capitalista cuanto como categoría primera de la teoría económica. Mercancía= un bien comercial; algo intercambiable, con lo que se trafica o se puede traficar.

El profesor cree necesario pensar el concepto en el elevado grado de abstracción en que se mueve el discurso de Marx. Es fácil que en una primera representación pensemos la mercancía como lo expuesto en un escaparate o en las estanterías de un centro comercial o almacenado en las naves de un mayorista o lo que es objeto de todo ese trajín de camiones, barcos, aviones. Es necesario darle la máxima amplitud a lo categorizado: el famoso “cielo estrellado sobre mí” es mercancía en cuanto “espacio radioeléctrico”, entorno elaborado por el trabajo como medio de las telecomunicaciones y “pasillos” aeronáuticos -entorno apropiado y mercantilizado.[Recordar al astuto curita que vendía “parcelas en el cielo”, ¿con arcángeles incluidos o debían abonarse aparte?]

    “Mercancía” es una “determinación de forma o formal” (esto es, algo distinguido del contenido que en cada caso sea al caso). Marx utiliza habitualmente la expresión “forma-mercancía” (vid. la importante nota al pie 32 de el capítulo 1ª, pp. 98 y s.). Mercancía como forma que adopta el producto en determinadas condiciones sociales. Por un lado, lo “formal” indica la relatividad histórico-social del ser-mercancía; por otro lado, su abstracción formal hace que lo potencialmente mercantil no quede sujeto a ninguna propiedad sustantiva de los productos, más allá del ser en algún instante últil para alguien. El intercambio es una relación entre agentes y entre cosas: proceso. El mundo del intercambio está siempre en construcción y reconstrucción. Lo que hoy no es objeto de intercambio, puede serlo mañana –y la modernidad de la sociedad modernizada por el capital se mide por la extensión y la intensidad de la circulación de mercancías.

Es importante retener el carácter formal del ser-mercancía para evitar representaciones románticas de cosas que en sí mismas y por sí mismas (sublimidad, divinidad, dignidad) estarían resguardadas del intercambio. Muy mediatamente, claro, pero inequívocamente, la categoría formal “mercancía” contiene en su concepto la tendencia colonizadora del capital.

Después de esta acotación, se pasa a analizar el comienzo del capítulo. “La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista de presenta como un “enorme cúmulo de mercancías”, y la mercancía individual como forma elemental de esa riqueza. Nuestra investigación, por consiguiente, se inicia con el análisis de la mercancía” (p.43). La frase es menos obvia de lo que parece. Ver la riqueza como cúmulo de mercancías necesita un cierto esfuerzo de acomodación. Primero, advertir que no se trata de la riqueza de éste o aquel individuo, sino de la riqueza social global: un cúmulo de bienes y servicios respecto al cual la riqueza individual podría interpretarse como la capacidad relativa de acceder, participar, disponer o apropiarse de una porción de dicho cúmulo. Segundo, mercancía sería la “forma de aparecer” de esos bienes y servicios en la sociedad capitalista. Es necesario fijar la figura “mercancía” como una “forma de aparecer” -esto es, una posibilidad al lado de otras, no una determinación necesaria del en-sí de las cosas. Hay que pensar a la vez la mercancía de dos modos: como vestidura y máscara  que adopta la riqueza; como forma que le corresponde “naturalmente” a la misma en la sociedad capitalista. Determianante de la modernidad sería precisamente la elevación de la mercancía a “forma elemental-celular” de la riqueza.

A partir de aquí Marx emprende el análisis de lo que constituye el ser-mercancía.

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  1. 3.      Valor de uso y valor de cambio

En primer lugar se ve como determinante de algo que es mercancía el ser útil de algún modo para alguien, esto es, satisface algún tipo de necesidad. Eso le confiere un valor de uso, que reside en el mismo cuerpo material de la mercancía. Puesto que “utilidad” y “necesidad” son requerimientos variables, circunstanciales, relativos, sociales, el valor de uso de las mercancías no es fijo.

Por otra parte, las mercancías se intercambian siempre en una determinada medida y proporción. El ser-mercancía implica no ser nunca Uno, sino varios, muchos… Lo que es mercancía lo es porque tiene frente a sí otra mercancía que la mide y la refleja; y, en virtud de ese reflejo, la constituye como mercancía. Se intercambian porque son útiles (valor de uso) —- pueden inter-cambiarse en virtud de algo que las relaciona y las hace comparables y comensurables: el valor de cambio (Tauschwert). 

¡Tener siempre presente el carácter relacional del valor de cambio! No se da como un valor para-sí, sino siempre “respecto-a”, “en-relación-con”: equi-valencia . Ser-mercancía= ser equivalente a otras mercancías => condición de la intercambiabilidad.

 Se trata de una relacionalidad cuantitativa: una determinada cantidad de la mercancía A equivale a otra cantidad de OTRA mercancía B, que equivale a otra cantidad de OTRA mercancía C. Esta última expresa el valor de cambio de A y B. B y C expresan el valor de cambio de A.

La proporción del intercambio es variable y está sometido a múltiples circunstancias: el valor de cambio es mutante.

  1. 4.      Lo que hace posible la equivalencia y la intercambiabilidad

[Nota bene: Aquí, en la crítica de la economía política, no caben reflexiones antropológicas como las de Nietzsche, p. Ej., sobre el hombre como animal tasador].

La cuestión es en qué se basa el ser-intercambiable de las mercancías, la equivalencia de quantum de una cosa con otro quantum de OTRA cosa. Sabemos que poseen un “contenido” (p. 45), el valor de cambio, en virtud del cual se establecen relaciones de equivalencia entre ellas. Pero, ¿cuál es el fundamento de la mutua comensurabilidad de todas las entidades del abigarrado mundo de la mercancía?

El secreto -poco misterioso a estas alturas- de la intercambiabilidad es el ser-producto, resultado del trabajo.

Aquí se produce la primera de las varias irrupciones fundamentales del trabajo en el despliegue sistemático de “El Capital”: como fundamento de la forma-valor.

El comienzo de la obra produce la impresión de que Marx apenas aporta nada nuevo a la teoría clásica del valor-trabajo, tal vez sólo algo más de finura conceptual y conclusividad. Se trata de una impresión engañosa. Marx aporta algo decisivo: la precisión de que es el “trabajo socialmente necesario” para producir una mercancía, y no sin más el trabajo concreto, la medida del valor.

En esta distinción aflora un pensamiento sobre la dualidad del trabajo propio y novedoso, un pensamiento sobre que se asienta la teoría marxiana de la socialización.

Eso se tratará el próximo día. 

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10 comentarios to “MERCANCÍA”

  1. A.L.G. Navarro Says:

    Me permito apuntar un fragmento del libro “Carlos Marx”, de Franz Mehring. Se hace referencia al primer tomo de El Capital:

    “En el capítulo primero de su obra, resume Marx nuevamente las ideas expuestas en 1859 acerca de la mercancía y el dinero. Y no lo hace tan sólo por razones sistemáticas, para que el estudio sea completo, sino porque incluso inteligencias claras no habían comprendido del todo el problema, lo cual indicaba que el estudio adolecía de algún defecto, especialmente en lo relativo al análisis de la mercancía”.

    “Entre aquellas inteligencias claras no se contaban, por supuesto, las de los profesores alemanes, que repudiaron precisamente este mismo capítulo primero de la obra de Marx por su «confuso carácter místico». «A primera vista, una mercancía parece un objeto evidente y trivial. Mas si la analizamos, vemos que es un objeto bastante complicado y enredoso, preñado de argucia metafísica y de caprichos teológicos. Mientras no es más que valor de uso, no encierra nada de misterioso… La forma de la madera cambia cuando de ella se hace una mesa. No obstante, la mesa sigue siendo un trozo de madera, un objeto vulgar y corpóreo. Pero, en cuanto se nos presenta como mercancía, sufre una metamorfosis, y se convierte en un objeto a la par corpóreo y suprasensible. Por un lado, la vemos descansar tranquilamente con sus patas sobre el suelo, y por el otro ponerse de cabeza frente a todas las demás mercancías, y de su cabeza de madera empiezan a salir antojos que causan muchas más maravillas que si de pronto la mesa se pusiese a bailar por su propio impulso». Era natural que todas aquellas cabezas de madera que se pasan la vida produciendo en grandes cantidades argucias suprasensibles y quimeras teológicas, pero que son incapaces de producir un solo objeto corpóreo y tangible, ni siquiera una vulgar mesa de verdad, tomasen a mal estas disquisiciones”.

    “(…) ¿cómo puede el poseedor de dinero comprar mercancías por su valor, vendiéndolas también en lo que valen, y sin embargo, sacar de ellas más de lo que dio? Pues puede, gracias a una mercancía especial que le ofrecen en el mercado las condiciones sociales vigentes y que tiene como característica peculiar el que, al consumirse, engendra nuevo valor. Esta mercancía es el trabajo humano, y cobra existencia corpórea en el obrero, un ser viviente que para subsistir y mantener a su familia, encargada de perpetuar las fuerzas de trabajo después de su muerte, necesita de una determinada suma de víveres. El tiempo que para producirlos necesita trabajar representa el valor de su fuerza de trabajo. Pero este valor, que se le paga en forma de salario, es muy inferior al que el empresario, comprador de la fuerza de trabajo, puede extraer de ésta. El trabajo que el obrero rinde de más, después de haber trabajado el tiempo necesario para cubrir el jornal, constituye la fuente de la plusvalía, de donde toma constante incremento el capital”.

    Mehring, F. “Carlos Marx”. Grijalbo, Barcelona, 1973 (págs. 370-371)

  2. Gracias por la interesante aportación.
    Un detalle llamativo en el texto de Mehring es la descripción del obrero: “un ser viviente que para subsistir y mantener a su familia, encargada de perpetuar las fuerzas de trabajo después de su muerte, necesita de una determinada suma de víveres”. Una definición así indica hasta qué punto su discurso -el del marxismo clásico, en genral- lleva como diría Marx “la huella de la historia”. La fuerza de trabajo -y su valor- aparece ahí interpretado desde la visión burguesa (pequeño-burguesa) de la familia: un horizonte patriarcal en último término. Frente a esto, la potencia abstractiva de “El Capital” nos permite, sin embargo, aplicar las categorías mercancía, trabajo o explotación a un contexto en que aquella representación del obrero no es creíble, ha sido puesta en cuestíon por la realidad y tiene que ser puesta en cuestión por la crítica.

  3. ¡EL! Canario Says:

    Querido Eladio:
    Rescato una frase del post: “Marx aporta algo decisivo: la precisión de que es el “trabajo socialmente necesario” para producir una mercancía, y no sin más el trabajo concreto, la medida del valor.” Relacionándola con el capítulo LA ALINEACIÓN Y LA TEORÍA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA, del libro: “El Capitalismo y la Moderna Teoría Social” de A. Giddens; el cual cita lo siguiente:
    <>

  4. ¡EL! Canario Says:

    “(…) Fijémonos en los principales presupuestos que dan forma a la crítica de la economía política desarrollada por Marx en los “Manuscritos”. Ante todo, dos reparos deben ponerse, según él, a los escritos de los economistas políticos. El primero se refiere a que suponen que las condiciones de producción características del capitalismo pueden atribuirse a todas las formas de economía. (…) La segunda suposición engañosa de los economistas considera que las relaciones puramente “económicas” pueden tratarse -in abstracto-. Los economistas hablan de “capital”, “mercancías”, “precios”, etc., como si tuvieran vida independientemente de la mediación de los seres humanos. La cosa no es así. Una pieza de calderilla, por ejemplo, es un objeto físico que en este sentido posee una existencia independiente de los seres humanos, pero es “moneda” solamente en la medida en que constituye un elemento dentro de un sistema concreto de relaciones sociales. La economía, sin embargo, pretende reducirlo todo a lo “económico”, y elude todo lo que no pueda tratarse en estos términos. Todos y cada uno de los fenómenos “económicos” son al mismo tiempo fenómenos sociales, y la existencia de un determinado tipo de “economía” presupone un determinado tipo de sociedad.”

  5. guadalupe Says:

    Rescatando del post, lo rescatado por “EL” Canario, la frase de Marx, viene a coincidir, con A.Giddens en su cita, lo que Marx escribe en su carta a Pável V.Annenkov el 28/12/1946, donde este le dice que Proudhon “nos ofrece una filosofía ridícula, porque no ha comprendido la situación social de nuestros días”.
    Marx dice: que “los hombres no son libres árbitros de sus fuerzas productivas”, “las fuerzas productivas son el resultado de la energía práctica de los hombres”, “los hombres al desarrollar sus facultades productivas, es decir, al vivir, desarrollan ciertas relaciones entre ellos y que el carácter de estas relaciones cambia necesariamente con la modificación y el desarrollo de estas facultades productivas”
    Según Marx, Proudhon no ha visto que “las categorías económicas no son más que abstracciones de estas relaciones reales y que únicamente son verdaderas mientras esas relaciones subsistan” por consiguiente “las categorías político-económicas son abstracciones de relaciones sociales reales, transitorias e históricas”

  6. haciaelcapital Says:

    Ciro: Los ilustrados, pongamos por caso, hablaban de la Humanidad. Pero esta no existía más que como ideal. Hoy parece que el ser-genérico humanidad existe: esto es, la inmensa mayoría de los individuos estamos interconcectados. ¿Qué ha conseguido semejante “milagro”? ¿No será la universalidad de la mediación capitalista? Si lo que nos interconecta es el ser miembros, terminales o víctimas del “mercado mundial”, esto es, la mercancía, entonces lo que nos ha socializado y convertido en uno-para- otros es la coacción -no por más inaparente menos real- del tiempo de trabajo necesario. Socialización regida por el “sujeto automático” llamado Capital…

  7. El Canarión Says:

    Según Marx, la conciencia está enraizada en la praxis humana, que a su vez es social. En La ideología alemana escribe con Engels: “No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”. La actividad conforma nuestra consciencia (concepto de “autoactividad”), pero esta puede ser a la vez fabricada, moldeada, por los intereses del poder. La industria cultural (Horkheimer y Adorno) sería una industria de fabricación consciencia.
    Me parece necesario resaltar un fragmento del cuaderno VII del capítulo sobre el capital en
    Los Grundrisse que dice: “El ahorro de tiempo de trabajo corre parejas con el aumento del tiempo libre, o sea tiempo para el desarrollo pleno del individuo, desenvolviendo que a su vez reactúa como máxima fuerza productiva sobre la fuerza productiva del trabajo. Se puede considerar a ese ahorro, desde el punto de vista del proceso inmediato de producción, como producción de capital fixe, siendo este capital fijo, el hombre mismo.” Esto tiene relación con el consumismo como forma de domesticación. La gente no se contenta con vivir de acuerdo a sus ingresos, sino que vive endeudada, y por lo tanto necesita mantener un trabajo estable -cada vez más escaso- para solventar sus compromisos económicos. Diversos estudios revelan que los trabajadores estadounidenses de fines de siglo pasado tendían a conformarse con recibir un salario que les capacitara vivir y tener algunos pequeños lujos básicos. Preferían tener más tiempo para el ocio que ingresos adicionales como consecuencia de una jornada laboral más larga. Por aquel entonces, la comunidad empresiaral norteamericana propuso cambiar radicalmente la psicología social. Se daba una situación de sobreproducción, debida a un enorme aumento de la productividad industrial que iba acompañada de un decrecimiento del número de compradores -los cambios tecnológicos habían dejado sin empleo a un cada vez mayor número de personas-. De este drástico descenso de ventas sólo podía salirse cambiando la actitud de los trabajadores, motivándolos a consumir cada vez más productos. Se lanzó así una gran cruzada para convertir a los trabajadores americanos en una masa de consumidores.

  8. Sara Rozenwajn Says:

    Querido Eladio:

    He tenido un par de dudas que me voy a permitir preguntar y exponer por aquí por si alguien ha tenido las mismas o parecidas o por si puede ayudar en algo.
    Primero quisiera exponer mi duda sobre el materialismo dialéctico; ¿Marx no se refería al materialismo dialéctico como praxis sino como una filosofía?

    Aparte de eso el último párrafo de la mercancía como comienzo explica pues que la mercancía es riqueza y por otro lado que la mercancía es la forma de aparecer de los bienes y servicios en la sociedad capitalista, y si no entiendo mal esto significa pues que la mercancía es capital y si esto es correcto se puede aceptar la siguiente fórmula: Capital=mercancía=riqueza.
    Es esto correcto??

    Mi última duda trata sobre el trabajo: se sabe la magnitud del valor mediante el trabajo y por lo tanto éste forma parte de la categoría mercantil, ¿no es asi? y si el trabajo=mercancía podríamos concluir la fórmula anterior; Trabajo=riqueza=mercancía=capital
    ¿es esto correcto?
    o sería mas correcto decir que el conjunto de mercancía que mediante el trabajo produce riquezas es el capital ?

    Lo siento si mis conclusiones son poco correctas o simplemente mal encaminadas.

  9. haciaelcapital Says:

    Ciro:
    Querida Sara: -Que yo sepa- la denominación “materialismo dialéctico” nunca la ultiliza Marx. Investíga el origen de la expresión (más allá de la wikipedia, claro). Aquí puedes ver lo que dice al respecto El Innombrable http://www.marxismoeducar.cl/stalin01.htm.
    Las dos fórmulas que pones son, en mi opinión, insostenibles. Aunque se trata de conceptos mutuamente implicados, no se pueden igualar en modo alguno.
    De las relaciones que estableces, la que me parece más interesante en este nivel discursivo es la capital-mercancía. Como vimos, en el proceso-capital [D-M-D’] se da el momento en el que las mercancías son el cuerpo objetivo, la encarnadura del “valor valorizante”. Así mismo, el dinero, mercancía de las mercancías, funciona él mismo, en la forma de capital financiero, como mercancía… Cuando Marx ve en la mercancía la célula primaria del capitalismo, se debe probablemente a que ese modo de producción se hace impensable sin la forma mercancía. Y, sin embargo, desde esa forma sus mecanismos fundamentales comienzan a hacerse menos opacos…
    Por cierto, está fuera de lugar entre nosotros disculparse por el ejercicio de preguntar, opinar, pensar…

  10. haciaelcapital Says:

    Resumen de la alumna Carmen González:

    Como la célula elemental de la sociedad y como categoría 1º de lo económico. Algo con lo que se intercambia con lo que se trafica, mercancía como un bien comercial, todo lo que es comercializable. La forma mercancía, que adopta cualquier cosa, al ser intercambiable. Esta abstracción hace que la forma mercancía se haga Universal.
    Los objetos mercancía son diferentes de otros, tienen que estar en una relación de intercambiabilidad. Ese elemento de forma es la mercancía siempre intercambiable por algo.
    Por eso es tan destructivo, pues no tiene nada sacro, ya que todo lo somete a la forma mercancía, también capitalizable. Los entes en la sociedad se transforman en mercancía y se apropian del mundo, no solo externamente sino también internamente.
    El proceso de humanización en el Capitalismo, ha ido en la línea de mercantilización. Incluso las cualidades personales pueden entrar en esta compra-venta. Esto es sistémico.

    ¿Que hace que sea un bien intercambiable?
    Es el valor de uso, que está relacionado con la satisfacción de una necesidad. Esto es, algo creado real o imaginario. Como herramienta de uso o que sirve para producir otra cosa. El valor de uso cambia según la utilidad, que es lo que marca el valor. Las mercancías tienen otra peculiaridad, el intercambio tiene una medida y proporción, que se muestra en cada momento de intercambio y a lo que Marx llama valor de cambio. El valor de cambio de una cosa en proporción a otra, el truco se encuentra en “equivale”.
    Los valores de cambio no se establecen, se autogeneran, se establecen en el proceso de intercambio. Ningún producto o mercancía decide.

    ¿Que es lo que hace la igualdad para hacer posible el intercambio?
    La equivalencia es el quantum de una cosa, con otro quantum de otra cosa. Se sabe que toda mercancía posee un contenido, un valor de cambio, y es en base a esto donde se puede establecer una “equivalencia” entre las mercancías. Esto le da a la mercancía un ser producto que resulta del trabajo. Por esto hace que el trabajo sea fundamental para la creación de forma de valor. Como el trabajo socialmente necesario para la producción de la “mercancía” y su “medida de valor” dualidad imprescindible en la teoría marxista.

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