Archivo para septiembre, 2010

CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA DE LA FILOSOFÍA DEL DERECHO DE HEGEL* [INTRODUCCIÓN]

Posted in Uncategorized on 21 septiembre 2010 by haciaelcapital

[LA RELIGIÓN]

[MEW, 1, 378] Para Alemania la crítica de la religión está esencialmente acabada, y la crítica de la religión es el presupuesto de toda crítica.

La existencia profana del error está comprometida una vez que está impugnada su celeste oratio pro aris et focis. El hombre que en la fantástica realidad del cielo, donde buscaba un superhombre, sólo ha encontrado el reflejo (Widerschein) de sí mismo,  no se sentirá ya dispuesto a encontrar sólo la apariencia (Schein) de su sí mismo, a encontrar sólo lo in-humano, donde busca y debe buscar su verdadera realidad.

El fundamento de la crítica antirreligiosa es: el hombre hace la religión, y no ya la religión hace al hombre. Y verdaderamente la religión es la autoconciencia y el autosentimiento del hombre que, o bien aún no se ha adquirido a sí mismo o se ha vuelto a perder. Pero el hombre no es algo abstracto, escondido fuera del mundo. El hombre: eso es el mundo del hombre, Estado, sociedad. Este Estado, esta sociedad producen la religión, una conciencia-del-mundo  invertida, porque aquellos son un mundo invertido. La religión es la teoría general de este mundo, su compendio enciclopédico, su lógica en forma popular, su point d’honneur espiritualista, su entusiasmo, su sanción moral, su complemento ceremonial, su fundamento general de consuelo y justificación. Es la realización fantástica del ser humano, porque el ser humano no posee realidad verdadera alguna. La lucha contra la religión es, pues, mediatamente, la lucha contra aquel mundo, cuyo aroma espiritual es la religión.

La miseria religiosa es, por una parte, la expresión de la miseria real y, a la vez, la protesta contra ella. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, es el alma de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin espíritu. Es el opio del pueblo.

[MEW, 1, 379] La superación de la religión como felicidad ilusoria del pueblo es la exigencia de su felicidad real. La exigencia de abandonar las ilusiones sobre su estado es la exigencia de abandonar un estado que necesita ilusiones.   En germen, la crítica de la religión es, por tanto, la crítica del valle de lágrimas cuya apariencia sacra es la religión.

La crítica ha deshojado las flores imaginarias de la cadena, no para que el hombre lleve una cadena sin fantasía ni consuelo, sino para que la arroje y tome la flor viviente. La crítica de la religión desengaña al hombre para que piense, obre, dé forma a su realidad, como hombre des-engañado, que ha accedido al entendimiento; para que él se mueva alrededor de sí mismo y de su sol real. La religión es sólo el sol ilusorio que se mueve alrededor del hombre mientras éste no se mueve en torno a sí mismo.

Es, pues, la tarea de la historia, después de que ha desaparecido el más-allá de la verdad, establecer la verdad del más-acá. Es la tarea de la filosofía que se pone al servicio de la historia, después de que está desenmascarada la autoenajenación humana, desenmascarar la autoenajenación en sus formas profanas. Con ello, la crítica del cielo se transforma en crítica de la tierra, la crítica de la religión en la crítica del derecho, la crítica de la teología en la crítica de la política.

[…]

[LA CRÍTICA]

[MEW, 1, 380] ¡Guerra a las situaciones alemanas! ¡Desde luego! Están por debajo del nivel de la historia, por debajo de toda crítica, […] En lucha con ellas, la crítica no es una pasión de la cabeza, sino la cabeza de la pasión. No es un bisturí de anatomista, es un arma. Su objeto es su enemigo, al que ella no quiere refutar, sino aniquilar. Y es que el espíritu de aquellas situaciones está refutado. En y para sí, no son objetos dignos de ser pensados, sino existencias tan despreciables como despreciadas. La crítica no necesita para sí el autoentendimiento con ese objeto, puesto que lo tiene todo claro respecto a él. No se comporta ya más como un fin en sí misma (Selbstzweck), sino sólo aún como un medio. Su pathos esencial es la indignación, su trabajo esencial: la denuncia. […]

[MEW, 1, 385] El arma de la crítica no puede reemplazar en ningún caso la crítica de las armas, la violencia material tiene que ser depuesta por la violencia material, también la teoría se convierte en violencia material sólo en cuanto se apodera de las masas. La teoría es capaz de apoderarse de las masas en cuanto demuestra ad hominem, y demuestra ad hominem en cuanto deviene radical. Ser radical es tomar la cosa en la raíz. Pero la raíz para el hombre es el hombre mismo.  […]

[EL NUEVO IMPERATIVO]

La Divina Providencia

La Divina Providencia

La crítica de la religión termina en la doctrina de que el hombre sea el ser supremo para el hombre, por tanto, con en el imperativo categórico de derribar todas las situaciones en las que el hombre es un ser degradado, humillado, abandonado, despreciado…

[…]

[ESPERANZA EN VIRTUD DE LOS DESESPERADOS]

[MEW, 1, 390] ¿Dónde está, pues, la posibilidad positiva de la emancipación alemana?

Respuesta: en la formación de una clase con cadenas radicales esclavizada, de una clase de la sociedad burguesa que no es una clase de la sociedad  burguesa, de un estamento que es la disolución de todo estamento, de una esfera que posee un carácter universal en virtud de sus sufrimientos universales y no pretende derecho particular alguno porque sobre ella no se ha ejercido injusticia particular alguna, sino la injusticia por antonomasia, […] en fin, de una esfera que no puede emanciparse sin emanciparse de todo el resto de esferas de la sociedad y, con ello, emancipar todas las otras esferas de la sociedad, que –en una palabra- es la pérdida completa del hombre, y, por tanto, sólo a través de la completa recuperación del hombre puede ganarse a sí mismo. Esa disolución de la sociedad como un estamento particular es el proletariado. […]

[MEW, 1, 391] Cuando el proletariado anuncia la disolución del ordenamiento del mundo hasta ahora existente, sólo pronuncia el secreto de su propia existencia, pues él es la disolución fáctica de ese ordenamiento del mundo. Cuando el proletariado exige la negación de la propiedad privada, sólo eleva a principio de la sociedad lo que ya la sociedad ha elevado como su principio, lo que en él -como resultado negativo de la sociedad y sin él quererlo- ya está encarnado [la privación de propiedad, c.m.]. […]

La cabeza de esta emancipación [del hombre] es la filosofía, su corazón el proletariado. La filosofía no puede realizarse sin la superación del proletariado, el proletariado no puede superarse sin la realización de la filosofía.

 

*El texto del que proceden estos fragmentos se publicó en 1843. Los títulos entre corchetes los he introducido yo. También pongo entre corchetes la localización de los pasajes en la MEW (Marx-Engels Werke). La traducción es propia. Inauguramos con este texto la versión 2.0 de “hacia el capital”. Ciro M.