Capital y astucia de la historia


“La plusvalía es en general valor por encima del equivalente. Equivalente, por definición, es tan sólo la identidad del valor consigo mismo. Del equivalente, por ende, nunca puede dimanar la plusvalía; tampoco, pues originariamente de la circulación; debe surgir del proceso de producción del capital mismo. El asunto también se puede expresar así: si el obrero sólo necesita media jornada de trabajo para vivir un día entero, sólo necesita, para que subsista su existencia como obrero, trabajar medio día. La segunda mitad de la jornada laboral es trabajo forzado; trabajo excedente. Lo que desde el punto de vista del capital se presenta como plusvalía, desde el punto de vista del obrero se presenta exactamente como plustrabajo por encima  de su necesidad como obrero, o sea, por encima de su necesidad inmediata para el mantenimiento de su condición vital. El gran lado histórico del capital es el de crear este trabajo excedente, trabajo superfluo desde el punto de vista del mero valor de uso, de la mera subsistencia. Su cometido histórico está cumplido, por un lado, cuando las necesidades están tan desarrolladas que el trabajo excedente que va más allá de lo necesario ha llegado a ser él mismo una necesidad general, que surge de las necesidades individuales mismas; por otra parte, la disciplina estricta del capital, por la cual han pasado las sucesivas generaciones, ha desarrollado la laboriosidad universal como posesión general de la nueva generación; finalmente, por el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo, a las que azuza continuamente el capital –en su afán ilimitado de enriquecimiento y en las únicas condiciones bajo las cuales puede realizarse ese afán-, desarrollo que ha alcanzado un punto tal que la posesión y conservación de la riqueza general por una parte exigen tan sólo un tiempo de trabajo menor para la sociedad entera, y que por otra la sociedad laboriosa se relaciona científicamente con el proceso de su reproducción progresiva, de su reproducción en plenitud cada vez mayor: por consiguiente, ha cesado de existir el trabajo en el cual el hombre hace lo que puede lograr que las cosas hagan en su lugar.

El capital y el trabajo, por consiguiente, se relacionan aquí como dinero y mercancía; si uno de ellos es la forma universal de la riqueza, el otro es tan sólo la sustancia que tiene por objeto el consumo directo. En su aspiración incesante por la forma universal de la riqueza, el capital, empero, impulsa el trabajo más allá de los límites de su necesidad natural y crea así los elementos materiales para el desarrollo de la rica individualidad, tan multilateral en su producción como en su consumo, y cuyo trabajo, por ende, tampoco se presenta ya como trabajo, sino como desarrollo pleno de la actividad misma, en la cual ha desaparecido la necesidad natural en su forma directa, porque una necesidad producida históricamente ha sustituido a la natural. Por esta razón es el capital productivo; es decir, es una relación esencial para el desarrollo de las fuerzas productivas sociales. Sólo deja de serlo cuando el desarrollo de estas fuerzas productivas halla un límite en el capital mismo.” [Mew, 42, 259 y s,; la traducción, corregida por mí, es de Pedro Scaron, en: K. Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Borrador) 1857-1858, vol. 1, siglo XXI, pp. 266 y s)

Anuncios

4 comentarios to “Capital y astucia de la historia”

  1. Volviendo a leer el texto he recordado algo que hablamos en clase sobre cómo el sistema ha logrado que veamos el trabajo como algo necesario no sólo para nuestra subsistencia física, sino como una necesidad emocional. Y eso, a su vez, me recordó el anterior tema en el que comentamos cómo el sistema es capaz de constituir a los individuos en su propio beneficio.
    Aunque las clases han acabado hay un aspecto que me gustarís aclarar. El capitalismo es capaz de moldear a los individuos para que sirvan a sus necesidades, pero Marx también dice que dentro del propio sistema se dan los elementos liberadores. La duda que tengo es cómo Marx explica en qué momento y cómo se dan esos elementos liberadores que pueden llevar a transformar al individuo, cómo se explica en sus textos ese proceso en que el individuo sumido al sistema, ese individuo “menguado” llega a liberarse, cómo pasa de objeto a sujeto.
    Y a su vez me planteo si el sistema permitiría que se dieran. Ya dije una vez que esta crisis me había servido para comprobar la fortaleza del sistema capitalista, que logra convertir los aspectos que podrían perjudicarles en apariencia en beneficios. A lo mejor mis dudas surgen porque me cuesta aplicar la teoría al mundo que veo a mi alrededor.

    • haciaelcapital Says:

      En general, Vanessa, (es una respuesta muy burda a una pregunta tan pertinentemente pensada): a través de la producción masiva de riqueza. El concepto marxiano de riqueza es bastante diferenciado, pero -me baso en unos pasajes de los grundrisse- significaría en último término: liberación masiva de tiempo respecto a la coacción de trabajo. El capitalismo se basa -en cuanto valorización- en la apropiación vampírica de tiempo de trabajo; a la vez -en cuanto sistema productivo- libera tiempo, lo convierte en sobrante. Marx pensaba que esa contradicción era tan radical, estaba tan en el corazón del capitalismo, que haría posible la transformación. El individuo (y no somos más que un tiempo de vida) dueño de su tiempo, puede adueñarse de su vida: ser otro, diferente del animal productor de plustrabajo, uncido y ordeñado por el capital.
      La pregunta es: ¿qué ha pasado con nuestro tiempo, con nuestra vida? ¿es libre el “tiempo libre”? ¿o, más bien, es hoy otra indutria, la gran industria, y lo experimentamos como tiempo coactivo, esto es, tiempo que se vive como “tengo que…”?
      Por otra parte, hay un indicio del momento de verdad en el argumento de Marx: cómo lo que tu llamas “el sistema” necesita las crisis, orgías de destrucción de riqueza, para mantener las formas de dominación…

      • Gracias por la respuesta, Ciro. Creo que entiendo la explicación marxiana y la idea del individuo como dueño de su tiempo, pero como dices ¿nuestro tiempo es realmente libre o es lo que creemos? ¿no ha sido también vampirizado?
        Lo de las “orgías de destrucción” me interesa mucho porque opino que son claramente dirigidas por el capitalismo para asegurar su propio mantenimiento. Es como cuando tienes una máquina bajo presión y sueltas vapor para liberar esa presión y que siga funcionando. Esto parece igual: soltar algo de presión y seguir adelante. ¿Será posible que la maquinaria llegue a un punto en que eso ya no baste y todo esto salte por los aires? ¿o estamos condenados a estos ciclos repetitivos?

  2. Acabo de recordar que en clase hablamos de la disciplinización como elemento cohercitivo pero también como elemento liberador a la vez. ¿Podría ir por ahí?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: