Paradójica modernidad y el problema del quién

Nos hallamos en presencia de un gran hecho característico del siglo XIX, que ningún partido se atreverá a negar. Por un lado, han despertado a la vida unas fuerzas industriales y científicas de cuya existencia no hubiese podido sospechar siquiera ninguna de las épocas históricas precedentes.. Por otro lado, existen unos síntomas de decadencia que superan en mucho a los horrores que registra la historia de los últimos tiempos del Imperio Romano. Hoy día, todo parece llevar en su seno su propia contradicción. Vemos que las máquinas, dotadas de la propiedad maravillosa de acortar y hacer más fructífero el trabajo humano provocan el hambre y el agotamiento del trabajador. Las fuentes de riqueza recién descubiertas se convierten, por arte de un extraño maleficio, en fuentes de privaciones. Los triunfos del arte parecen adquiridos al precio de cualidades morales. El dominio del hombre sobre la naturaleza es cada vez mayor; pero, al mismo tiempo, el hombre se convierte en esclavo de otros hombres o de su propia infamia. Hasta la pura luz de la ciencia parece no poder brillar más que sobre el fondo tenebroso de la ignorancia. Todos nuestros inventos y progresos parecen dotar de vida intelectual a las fuerzas materiales, mientras que reducen a la vida humana al nivel de una fuerza material bruta. Este antagonismo entre la industria moderna y la ciencia, por un lado, y la miseria y la decadencia, por otro; este antagonismo entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de nuestra época es un hecho palpable, abrumador  e incontrovertible. Unos partidos pueden lamentar este hecho; otros pueden querer deshacerse de los progresos modernos de la técnica con tal de verse libres de los conflictos actuales; otros más pueden imaginar que este notable progreso industrial debe complementarse con una regresión política igualmente notable. Por lo que a nosotros se refiere, no nos engañamos respecto a la naturaleza de ese espíritu maligno que se manifiesta constantemente en todas las contradicciones que acabamos de señalar. Sabemos que para hacer trabajar bien a las nuevas fuerzas de la sociedad se necesita únicamente que éstas pasen a manos de hombres nuevos, y que tales hombres nuevos son los obreros.

Éstos son igualmente un invento de la época moderna, como las propias máquinas. En todas las manifestaciones que provocan el desconcierto de la burguesía, de la aristocracia y de los pobres profetas de la regresión reconocemos a nuestro buen amigo Robin Goodfellow*, al viejo topo que sabe cavar la tierra con tanta rapidez, a ese digno zapador que se llama Revolución.

Los obreros ingleses son los primogénitos  de la industria moderna. Y no serán, naturalmente, los últimos en contribuir a la revolución social producida por esa industria, revolución que significa la emancipación de su propia clase en todo el mundo y que es tan universal como la dominación del capital y la esclavitud asalariada.

 

[Del discurso pronunciado por Karl Marx el 14 de abril de 1856 y publicado en el People’s Paper del 19 de abril de 1856].

* Robin Goodfellow: ser fantástico que, en las creencias populares inglesas, desempeña el papel de genio bueno que ayuda al hombre en sus empresas; es uno de los principales personajes de la comedia de Shakespeare “Sueño de una noche de verano”.

**Las imágenes pertenecen a Las uvas de la ira. La película, dirigida por John Ford en 1940, está basada en la novela del mismo título de John Steinbeck.  

Descargar el texto: Paradójica modernidad y el problema del quién (PDF)

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Una respuesta to “Paradójica modernidad y el problema del quién”

  1. Carlota Quilis Says:

    Este tipo de discursos siempre dan a uno que pensar.. Sobre todo porque no es posible evitar relacionarlo con la situacion actual de crisis que vivimos.. Se ve perfectamente como lo que decia Marx hace ya tantos años no ha variado demasiado.. En general vemos en nuestro mundo globalizado actual que mucho de este ‘espiritu malefico’ del que habla Marx sigue estando muy presente y que incluso ha podido crecer en este siglo pasado. Lo vemos no solo en el Calentamiento Global y la contaminacion presente en todas partes, tambien en las empresas, las gigantescas y millonarias multinacionales que parecen querer sacar dinero por cualquier metodo posible sin pararse a pensar en el daño terrible que hacen. Vemos aun hoy en dia fabricas llenas de trabajadores explotados que aun estando en el llamado ”Tecer Mundo” suelen trabajar para las empresas del ”Primero”. Siento que este es un tema de bastante interes y actualidad y espero que lo tratemos mas adelante en clase.

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