Fetichismo de la mercancía I

¿De dónde procede, entonces, el carácter misterioso que presenta el producto del trabajo, tan pronto como reviste forma de mercancía? Procede, evidentemente, de esta misma forma. En las mercancías, la igualdad de los trabajos humanos asume la forma material de una objetivación igual de valor de los productos del trabajo, el grado en que se gaste la fuerza humana de trabajo, medido por el tiempo de su duración, reviste la forma de magnitud de valor de los productos del trabajo, y, finalmente, las relaciones entre unos y otros productores, relaciones en que se traduce la función social de sus trabajos, cobran la forma de una relación social entre los propios productos de su trabajo.

El carácter misterioso de la forma mercancía estriba, por tanto, pura y simplemente, en que proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de éstos como si fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores. Este quid pro quo es lo que convierte a los productos de trabajo en mercancía, en objetos físicamente metafísicos o en objetos sociales. Es algo así como lo que sucede con la sensación luminosa de un objeto en el nervio visual, que parece como si no fuese una excitación subjetiva del nervio de la vista, sino la forma material de un objeto situado fuera del ojo. Y, sin embargo, en este caso hay realmente un objeto, la cosa exterior, que proyecta luz sobre otro objeto, sobre el ojo. Es una relación física entre objetos físicos. En cambio, la forma mercancía y la relación de valor de los productos del trabajo en que esa forma cobra cuerpo, no tiene absolutamente nada que ver con su carácter físico ni con las relaciones materiales que de este carácter se derivan. Lo que aquí reviste, a los ojos de los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre objetos materiales no es más que una relación social concreta establecida entre los mismos hombres. Por eso, si queremos encontrar una analogía a este fenómeno, tenemos que remontarnos a las regiones nebulosas del mundo de la religión, donde los productos de la mente humana semejan seres dotados de vida propia, de existencia independiente, y relacionados entre sí y con los hombres. Así acontece en el mundo de las mercancías con los productos de la mano del hombre. A esto es a lo que yo llamo el fetichismo bajo el que se presentan los productos del trabajo tan pronto como se crean en forma de mercancías y que es inseparable, por consiguiente, de este modo de producción.

El capital, cap. I, ap. 4

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17 comentarios to “Fetichismo de la mercancía I”

  1. Carlota Quilis Says:

    La verdad es que este fragmento ha sido bastante clarificador para mi.. En clase ya habiamos empezado a entrar en este tema del valor de los materiales, pero no habiamos profundizado demasiado. El ejemplo sobre la luz, los objetos y el ojo es muy claro y explica perfectamente la ilusion que nos creamos en relacion a los materiales. Espero que indagemos mas en el tema en clase y que se genere un poco de debate, que siempre es muy educativo.

    • haciaelcapital Says:

      Qué cosas son esas de las que decimos que tienen valor (económico)? Què es eso de los “materiales”? Cúal es la diferencia (si la hay) entre “cosa” y “mercancía?

  2. Wesley González Quintero Says:

    Siguiendo la línea marxista, si es que mi percepción no cae en el yerro, aquello a lo que se le atribuye un determinado valor, en tanto que útil y proveniente de un trabajo individual útil que se engloba dentro del trabajo social global, se le atribuye el mismo dada la posibilidad de intercambio con otras mercancías. Sin el intercambio, al igual que exceptuando el valor de utilidad y el trabajo útil, no se daría pues un valor sobre el objeto. Se observa, por ende, la necesidad de intercambio de las mercancías para otorgarle un valor económico. Ahora bien, y como sostiene Marx, haciendo abstracción tanto del valor de utilidad como su particularidad como mercancía se atisba en lontananza y cada vez con más cercanía un foco común: La fuerza de trabajo humana, el gasto energético o de “cerebro”, “músculo” y “nervio”.

    Ciñéndome a la cuestión ¿Cuál es la diferencia entre “cosa” y “mercancía”? e intentado con gran ímpetu desarraigar la vena subjetiva que brota de mi fuero interior, diré que la mayor diferencia estriba en el valor. Una cosa puede poseer Valor útil sin valor económico. Para esclarecer la susodicha afirmación pondré de contraste un ejemplo esclarecedor. Supongamos el caso de un campesino anacoreta que vive en la más profunda y lóbrega soledad; señalando que este mismo no está influido en absoluto por el capitalismo que nos ahoga en la actualidad (diré pues que es un ejemplo mítico a día de hoy). Este augusto individuo trabaja en su propio campo para sustentarse el alimento, siempre con un gasto claro de fuerza de trabajo humana, por tanto, en este ámbito concordaría con la mercancía en lo que respecta a valor de uso. Empero, y aquí radica la mayor diferencia, esta producción sustentadora no posee valor económico pues, este anacoreta de carácter misántropo, no efectúa un intercambio con ningún otro individuo (Se excluye que el individuo sufra un trastorno bipolar crónico y se intercambie mercancías con sigo mismo). Por consiguiente, la cosa o objeto se diferencia con la mercancía en cuanto a que, la primera, no posee valor económico y, esta última, sí.

    Espero no haber profanado el pensamiento marxista con mis meras interpretaciones subjetivas.

    Un saludo.

    Si he errado no será tan “fácil como pelar mandarinas”

    • Noemi Pérez Robayna Says:

      Algo puede tener valor económico (mercancía) y no ser útil (cosa). Una cosa puede tener valor económico y no ser útil sin el trabajo y la transformación que éste persigue, como es vender cobre para su reutilización. Del mismo modo, una cosa puede ser útil y no tener valor económico porque éste se adquiere mediante el trabajo. Por tanto, el trabajo da valor a las cosas que acaban convirtiéndose en mercancía; una “mercancía” empieza por ser “cosa”.

      Con respecto a los materiales, se puede considerar la cáscara de una mandarina como un material, esto es, aquello de lo que está compuesto, además de las vitaminas. Así, respondiendo a la cuestión sobre la diferencia entre “cosa” y “mercancía” se deduce que incluso el pelar mandarinas conlleva trabajo, y esto da lugar a que dicha “cosa” o mandarina pueda ser mercancía al ser pelada y además ser útil por el hecho de servir de alimento, aunque ya sea considerada mercancía por serlo.

  3. Noemi Pérez Robayna Says:

    Algo puede tener valor económico (mercancía) y no ser útil (cosa) sin el trabajo y la transformación que se persigue como es vender cobre para su reutilización, puesto que el cobre no sirve de nada si no es renovado, aunque se valore con miras a dicha utilidad. Por tanto, el trabajo da valor a las cosas que acaban convirtiéndose en mercancía; una “mercancía” empieza por ser “cosa”.

    Con respecto a los materiales, se puede considerar la cáscara de una mandarina como material, esto es, aquello de lo que está compuesto además de las vitaminas que la caracterizan. Así, respondiendo a la cuestión sobre la diferencia entre “cosa” y “mercancía”, se deduce que incluso el pelar mandarinas conlleva trabajo, y esto da lugar a que dicha “cosa” o mandarina pueda ser mercancía al ser pelada y además ser útil por el hecho de servir como alimento, aunque ya sea considerada mercancía por ello.

  4. No intento coartar las tautologicas digestiones sobre Marx, pero creo sinceramente que han concluido en una ¡diarrea mental impresionante!

  5. Sara Padrón López Says:

    bueno, si para que una mercancía tenga valor, es necesario que esta sea algo material, algo hecho por el hombre y que debe de tener un valor en el mercado, ¿qué pasaría si algo que veo en el escaparate de una tienda, trato de imitarlo para un regalo? es algo hecho por mí y tiene un valor, un valor sentimental, pero valor al fin y al cabo.
    y ¿qué pasaría si me hago un regalo a mí misma? el típico “auto-regalo” que muchos suelen hacerse

  6. Natalia Says:

    En la sociedad capitalista la riqueza toma la forma de un enorme cúmulo de mercancía, y la mercancía individual como la forma elemental de la riqueza. La mercancía es portadora de los valores de cambio. El valor es una relación social. Una mercancía tiene que tener valor de uso, porque si algo no vale para nadie, ya no sirve. La sustancia de valor es la cantidad de trabajo que tiene una mercancía. Es sólo la cantidad de trabajo socialmente necesario lo que determina su magnitud de valor. Lo importante es como a través del trabajo socialmente necesario somos socializados desapareciendo toda peculiaridad personal, estamos coexionados todos a adaptarnos unos a otros.
    El valor es una relación, no lo podemos ver ni tocar, es como un ser inaprensible. El valor no es una cosa que esté ahí siempre, acontece en la totalidad de la mediación social. La fuente fundamental del fetichismo de la mercancía es que el valor siendo una relación aparece como una propiedad de las cosas.
    Hay una tripe reducción que debemos tener en cuenta : 1º) Que el trabajo individual se hace indiferente, solo es generador de valor el trabajo necesario en término medio ; 2º) Los valores producidos son valor en medida que encuentran en esa relación social una demanda solvente, el trabajo en la sociedad capitalista tiene la forma de valor de uso para alguien, si no tiene demanda, por mucho trabajo que tenga,se produce una desvalorización ; 3º) Distinción entre el trabajo simple (ese mero gasto de esfuerzo de trabajo que no exige ninguna preparación extra) y trabajo complejo. Esta distinción tiene una cierta lógica del tiempo en la que influye la lógica del poder.
    La mercancía nos lleva a una división social, cuanto más complejo sea la relación de valor, más lo serán las divisiones sociales.
    La naturaleza nunca ofrece todos los valores de uso necesarios para mediar la vida humana por sí sola y sin trabajo. El asunto es que más allá de que el medio natural sea generoso se necesita un trabajo que es condición de la existencia humana. Lo fundamental para que el trabajo sea trabajo es que satisfaga unos valores de uso y que tenga una estructura. Pero no solo es el trabajo la fuente de toda riqueza, sino también la tierra. El trabajo es la fuente de valor pero no de riqueza. Por ello nos encontramos con un conflicto : la producción de valores de uso y de beneficios con un mundo finito.

    Este es mi pequeño comentario sobre el texto ”Fetichismo de la mercancía I ” . Espero no haber hecho un destrozo demasiado grande del texto y del pensamiento de Marx.

  7. Carlota Quilis Says:

    El fetichismo de la mercancía no se puede explicar sin entender primero el concepto ‘fetichismo’. El diccionario define, sintetizando un poco, que el fetichismo es la admiración excesiva e irracional hacia una persona o cosa, a la que se le atribuyen virtudes extraordinarias.
    En este caso, en las mercancías, el fetiche implica que a la forma material de las mercancías, a el objeto o el servicio que interactúa en el intercambio, se le esta dando un carácter subjetivo. No hablamos de la dualidad de los valores de esta mercancía, de su valor de uso y de cambio, sino de una característica que esta mas allá de su mera forma física o su relación de valor.
    El fetichismo aparece al entender que la mercancía representa, o tiene como algo propio de si, la relación social que se produce entre los hombres.
    Las relaciones sociales entre los productos suman las relaciones del trabajo, el gasto de fuerza, el tiempo según la duración necesaria para llevarlos acabo.
    Esta relación social entre hombres, es la mediación social de la que surge luego el valor. El valor cambia y varia debido a esta mediación, según la concepción que tenga la sociedad. El valor de uso, por ejemplo, es la medida en que la mercancía cubre una necesidad. Así la mercancía se entiende como algo que satisface una necesidad, directa e indirectamente, y las necesidades se entienden en el contexto de una sociedad particular.
    Cuando esta relación social del trabajo es proyectada por las mercancías, entonces es fetichismo ya que en vez de ser una relación física entre objetos físicos, hablamos de una relación mas similar a la presente en las religiones, cuando las ideas humanas cobran vida propia y se interrelacionan con los propios seres humanos.
    Y este fetichismo, en el sistema capitalista, surge del mismo sistema, cuando las mercancías se crean ya aparece y por ello es algo inseparable del modo de producción.
    Por Carlota Quilis Garcia.

  8. Javier Cruz Says:

    La tesis presente en el texto sería que “las relaciones entre los productores, en en las cuales se hacen efectivas las determinaciones de sus trabajos, revisten la forma de una relación social entre los productos del trabajo” (trad. Pedro Scaron). Productos del trabajo que se presentan ahora bajo la forma de mercancía.

    ¿En qué medida lo que tenga de social las relaciones entre los productores se da en la relación que mantienen entre sí los productos del trabajo (las mercancías)? En qué ambas relaciones se dan “al margen de los productores”. Aquí entiendo que Marx se está refiriendo a unas determinadas relaciones sociales (de producción y dominación) que se han hipostasiado, cosificado, reificado, objetivado, naturalizado, es decir, unas relaciones de cuya naturaleza histórica, y por tanto mutable, no se es consciente. Así interpreto yo este comienzo del segundo párrafo, desde “Lo misterioso de la forma mercancía”… hasta …”en cosas sensorialmente sensibles o sociales” ¿lo digo bien?

    Si es así me falta por entender cuando dice: “Es por medio de este quid pro quo [tomar una cosa por otra] como los productos del trabajo se convierten en mercancías, en cosas sensorialmente suprasensibles o sociales”. Es decir se consideran las relaciones entre los objetos como las relaciones entre los productores, como las relaciones de producción ¿no? En cualquier caso no acabo de ver clara la tesis de la transmisión de la propiedad “social” entre las relaciones de producción y las relaciones entre las mercancías.

    Por otro lado Marx establece dos analogías o comparaciones negativas para acercarse a su tesis del ser social de la mercancía, y en tanto que constitutivo de la misma la naturaleza social del valor de cambio. Primero se compara a la relación entre mercancías con la relación que establece entre la impresión luminosa de una cosa y el nervio óptico, que aunque produce un fenómeno subjetivo o mental, remite directamente a una relación física u objetiva. No es este el caso de la mercancía, de la relación entre mercancías.

    “Lo que aquí adopta, para los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre cosas, es sólo la relación social determinada existente entre aquéllos”. La fantasmagoría, el error, consistiría en tomar a la mercancía como un fenómeno de carácter objetivo, físico, cuando antes bien se trata de algo social, metafísico (¡¿metafísico=social?!).

    Cuando se incurre en el error de tomar a la mercancía como un fenómeno de carácter físico cuyas leyes o caracteres están ahí con independencia de nosotros y a las cuáles nos tenemos que plegar entiende Marx que la analogía que de algún modo (“inconscientemente”) se aplica (erróneamente también pues la mercancía es algo social) es la religiosa. El fenómeno de la mercancía al igual que las deidades nacen de relaciones sociales pero se independizan y parecieran tener vida propia, aunque estén unas en relación con otras y con los hombres a la vez.

    Sorprende que Marx diga que la “analogía pertinente” es la de carácter religioso, pues me figuro que en la mentalidad de los economistas clásicos estaría más presente el modelo de la moderna ciencia físico-natural que la religión… así que el célebre “fetichismo de la mercancía de Marx” me parece una opción más de carácter persuasivo, retórico, poético, desiderativo (¿pedagógico?) que propiamente científico en cuánto se quiere dar cuenta de la falsa concepción mundana de la mercancía y la economía política.

    Por último dice Marx (y ya acabo): “A esto llamo el fetichismo que se adhiere a los productos del trabajo no bien se los produce como mercancías, y que es inseparable de la producción mercantil”. ¿En qué medida es esto así? ¿Es pensable o deseable una sociedad moderna que no produzca cosas con valor de uso y valor de cambio (mercancías)? ¿Caerá la sociedad siempre en el error de hipostasiar las relaciones que mantienen entre sí las mercancías que se producen? ¿Qué alternativas de sociedad hay?

    ¿En qué medida es comparable el fenómeno de la mercancía con el del Estado?

  9. haciaelcapital Says:

    Comentario sobre el fetichismo de la mercancía de Almudena García García.

    En el fragmento propuesto, Marx centra su discurso en un concepto clave de su crítica a la economía política: el fetichismo mercantil.
    Cuando un objeto como producto de trabajo cobra la forma de mercancía en el intercambio, adopta un valor. Y en éste reside ese fetichismo que, como tal, aúna lo corporal y lo metafísico, de modo que las cosas toman una dimensión sobrenatural que la subjetividad le otorga. Por un lado, se encuentra el valor resultante de la medida esfuerzo/tiempo empleados en la producción del bien en cuestión. Éste es, por tanto, de carácter físico, medible, limitable, objetivo, inherente a la propia materialidad de la mercancía. No obstante, y por el otro lado, se presenta un valor de “carácter misterioso” que hace que la equivalencia entre el producto y su forma como mercancía no sea puramente empírica, material. Pero, ¿qué es exactamente esa lógica abstractiva que posibilita que un objeto pueda adoptar la condición de mercancía en tanto que producto intercambiable según un valor que va más allá de lo físico?
    La respuesta a esta cuestión, y la razón misma de que pueda pensarse en el concepto de mercancía en una clave fetichista, Marx la haya en lo social. Así, al valor corpóreo de una mercancía (que es, con todo, el valor de uso o su capacidad para satisfacer una necesidad) se le suma otro que portaría con ella. Es como si se considerase gráficamente a una flor, con sus pétalos totalmente tangibles y delicados al tacto, su polen dulce, su tallo espinoso y rugoso, y, al mismo tiempo, su aura aromática, la cual lleva consigo envolviéndola – tomando al olor como espectro y no como algo físico. A diferencia del primer valor mencionado, que como todo lo material sigue un principio de entropía hacia un desgaste, el segundo es abstracto, cuantitativo. Así, la flor terminará por marchitarse y reducirse, mientras que ese aroma como esencia permanecerá para siempre en el aire, como una nebulosa. En definitiva, es un valor extrínseco y abstracto, e igualmente es social en la medida en que no es natural, ni se refiere a la utilidad o materialidad, sino a su lugar en la sociedad. Es en la relación entre los productores y el trabajo colectivo donde se define este valor, al que Marx se referirá como valor de cambio, una mera proporción de intercambio de los valores de uso y que tendría su origen en el estado del desarrollo de las fuerzas productivas de una sociedad en un momento dado (socio-génesis). De este modo, algo tan útil e imprescindible en tantos sentidos como es el aire carece de precio, mientras que a un bien como es el oro (con un valor de uso industrial o personal muy bajo – incluso la plata es mejor conductor eléctrico) quizás por su mera exclusividad se le ha dado un valor de cambio desorbitado. El que tiene un kilo de oro sólo puede esperar a que venga otro a comprárselo, porque por sí mismo tiene una utilidad muy escasa, reducida a la ostentación, a la ornamenta. Es la sociedad la que define el valor, la que se encuentra en constante preciación, ya no sólo de los objetos materiales, sino de la propia vida de los hombres, de su tiempo, y de sus sentimientos. Y así es cómo opera el modo capitalista en su constante afán de acumulación de capital.
    Con el fin de esclarecer este fenómeno, Marx plantea una interesante analogía: la hipóstasis religiosa, en la que se toman elementos ideales como entes con una existencia independiente. La razón humana ha terminado por convertir en realidades objetivas conceptos como “Dios”, “cielo”, o “moral”, cuando éstos mismos han tenido su génesis en su pensamiento. Es el idealismo o espiritualismo que ha venido criticando el materialismo desde su tradición griega (Demócrito, los atomistas). Cuando en Grecia surge la noción del “nous” o espíritu, comienza a considerarse lo matemático o ideal como algo que tendría su arranque en la physis, en la naturaleza, de modo que el propio espíritu estaría compuesto de cierta materia. Y esta tradición se prolonga hasta Feuerbach, autor al que, por otra parte, Marx dedicó unas tesis afirmando que, paradójicamente, el materialismo sigue siendo idealista. Esto se debe a que ha señalado al hombre como un ser puramente visual (el sujeto frente a lo que tiene en frente, al Gegenstand, al objeto de conocimiento). Sólo ve, contempla (ideos, aspecto): su relación con el mundo es intuitiva, cognitiva.
    Por esta razón Marx pone el acento en lo social como origen del valor abstracto de la mercancía, de modo que no quedaría reducido a un simple hecho que aparece ante nuestros ojos y al que debe uno adaptarse, sino que se trataría de una realidad totalmente contingente que el propio hombre ha ido construyendo. Es una forma de pensamiento crítico e inconformista contra el discurso ideológico que toma a la realidad como necesaria y que aún el materialismo de Feuerbach recogía. La idea de un mundo que no es sólo algo que el ser humano contempla, sino que produce. Una praxis continua que no sólo hace que la “cosa” sea resultado de una acción del sujeto sobre el objeto, sino que el sujeto mismo es producto de una praxis. Resulta curioso cómo un discurso tan lógico y categórico como el de idea-mundo/sujeto tiene su reflejo en algo tan práctico como la forma económica de una sociedad. Y ésta es la diferencia clave entre el pensamiento materialista de Feuerbach y la perspectiva más histórica de Marx: la conexión del hombre con la realidad. Así ocurre, pues, con el carácter social de la mercancía. Es, al fin y al cabo, una idea, un invento humano que designa un valor que no lo tiene la cosa en sí misma naturalmente, sino que se lo ha otorgado la subjetividad colectiva a través de la historia económica y social. La mercancía, en conclusión, concebida como “fetichismo”, como forma en la que se presentan objetos físicos que, bajo la praxis humana a lo largo del tiempo, toman una dimensión metafísica, adoptando un valor superior al que en un principio mostraban.

    Almudena García García.

  10. Jorge Beautell Bento Says:

    EL CARÁCTER FETICHISTA DE LA MERCANCÍA

    Primeramente comencemos por la definición de mercancía. Tenemos que es “una célula básica en la circulación de la riqueza en que se presenta ésta”. Las formas que toma la riqueza el ser un cúmulo de mercancía. Si no hay utilidad no podemos hablar de mercancía. Esto es su valor de uso del que es portador su cuerpo. La mercancía es el reflejo de una mercancía en otra. La mercancía presenta dos tipos de valor: de uso y de cambio. En el valor de uso de la mercancía recae la propiedad material del objeto vinculada física y materialmente a ese objeto. El valor de cambio se base en el ser intercambiable de la mercancía. Es decir, que la intercambiabilidad es la capacidad de un objeto de medirse con otro. El valor es el tiempo de trabajo. El trabajo para Marx es “el metabolismo entre nosotros y el medio”. “Un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso en que éste realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza”. “En este proceso, el hombre se enfrenta como un poder natural con la materia de la naturaleza”. “Pone en acción las fuerzas naturales que forman su corporeidad, los brazos y las piernas, la cabeza y la mano, para de ese modo asimilarse, bajo una forma útil para su propia vida, las materias que la naturaleza le brinda. Y a la par que de ese modo actúa sobra la naturaleza exterior a él y la transforma, transforma su propia naturaleza, desarrollando las potencias que dormitan en él y sometiendo el juego de su fuerzas a su propia disciplina.”

    Marx nos diferencia entre dos tipos de trabajo, con una doble dimensión: Él trabajo concreto aquel realizado en la producción real de una mercancía. El trabajo abstracto que es socialmente necesario para la producción. La cantidad de trabajo humano que se realiza no parece ser percibido como es en realidad. Pues el valor real del tiempo de trabajo parece esconderse en un mundo espectral al que el ojo humano parece no llegar. Tendríamos que poseer una visión de cámara de infrarrojos para detectar según los puntos tengan más temperatura la cantidad de trabajo diferenciado, cuya sustancia de valor medido por el tiempo. Este trabajo diferenciado es incorporado en la mercancía. Y en ese mundo gelatinoso las mercancías son cristalizaciones de esa sustancia común a toda ellas, el trabajo y los valores que adquiere éste. Pongamos como ejemplo que si observamos con detenimiento la vestimenta de una persona, podemos ver _con esa visión calorífica antes mencionada_ el trabajo esclavo de la confeccionadora que hay detrás. Pues detrás de todas las relaciones económicas está ese proceso de cristalización. En ese mundo fantasmagórico se mueve la mercancía. Dicho mundo es el social, la sociedad. ¿Quién determina el valor de ese trabajo realizado? Marx nos responde que lo dicta la sociedad, el mundo. Nos dice que hay una ley coactiva sobre todas las prácticas económicas humanas, creándose un mecanismo anónimo. Todos somos socializados en una totalidad social mundial. Todos los individuos estamos acostumbrados a adaptarnos a los ritmos de producción.
    Según Marx hay una serie de presupuestos sociales, un fetichismo colectivo que entre otras cosas consiste en naturalizar lo histórico como si fuese así, y no pudiese ser de otro modo, tal como ocurre con las leyes físicas. Se nos hace creer, y se fabrican engaños mediante la economía política: la ciencia establecida.
    El fetichismo del que nos habla Marx consistirá en atribuir características humanas a las cosas, personalizando o subjetivando a la mercancía por ejemplo. Las cosas inanimadas las convertimos en animadas. En esta fetichización que se produce lo aparente se vuelve real y lo real se torna aparente. Precisamente el fetichismo es eso, un engaño un error, o confusión que surge de la lógica de la mercancía, de la cosa misma. Son mecanismos objetivos, que nadie controla ¿Cómo puede darse una crítica entonces de ese engaño o fetichismo?
    El análisis debe provenir de los mecanismos productores. El deber de la crítica es estudiar por qué la cosa, y en el devenir de la misma se da el engaño. Si es una forma determinada de vida social la que crea el fetichismo. ¿Quién puede poner fin al mismo? De ahí el comentario sobre la naturalización de la historia previo.
    Si se piensa que las relaciones han de ser desiguales, es porque está escrito en la naturaleza ¿Cómo va a haber un cambio? Para hallar una respuesta Marx nos dice que el papel recae en los movimientos sociales, pues las acciones de la masa son las que cambian las cosas. Una clase de trabajador que conoce ese mecanismo puede cambiar las cosas. Cuando descubrimos los mecanismos coactivos que nos condicionan podemos alterar esos procesos: “Puesto que las estructuras que hay las hemos creado, podemos cambiarlas”. Esas leyes del valor coactivo por una parte racional y no racional, y su control pueden ser ejercidas por el individuo.
    El fetichismo aplicado a la mercancía se disfraza de muchas formas, gracias a la lógica de la mentira antes mencionada y al vampirismo, que es cuando las cosas muertas viven y se alimentan de la sangre humana. Marx habla también respecto a ese carácter fetiche de la totalidad o del síntoma. La sociedad no es nada al margen de la praxis de los individuos. Nos encontramos con una tendencia de los aparatos a independizarse y ejercer un poder sobre nosotros dependiendo de la acción que emprendamos. Este capital de naturaleza vampírica se alimenta de la tierra y los hombres. Estos dos dinamos, son los sitios de donde parte la potencialidad, el desarrollo y avance del capital, a costa de que sangren la tierra y los seres humanos. Para Marx los individuos se ven convertidos en totalidad a través de los juegos económicos de las organizaciones (mercancías). Aquí el valor que es una relación social, aparece como una propiedad de la mercancía. Es decir, que el valor acontece en la totalidad de la mediación social. ¿Qué es esto sino otro ejemplo del fetichismo que reviste a la mercancía? Debe entonces el individuo reflexionar sobre el principio del placer, y de cómo hay una manipulación de éste. Esto guarda una estrecha relación con la mercancía. ¿Por qué sino nos encontramos con una vinculación afectiva con los aparatos como automóviles, teléfonos móviles? Nos responde Marx que no hay un carácter ontológico del ser en necesitar esto u otro, sino que forma parte del historicismo social.

    Si me he confundido o equivocado, quiero decir que he intentado no irme del asunto del texto. Aunque he añadido comentarios de los apuntes de clase que creo son corcondantes con el mismo. Hablo de mercancía, trabajo, tipos de trabajo y luego la relación que se establece entre el fetichismo y la mercancía.

  11. Jorge Beautell Bento Says:

    Cuando arriba comente que el fetichismo aplicado a la mercancía se disfraza de muchos modos, no es correcto el término “aplicado a”. Lo correcto es el fetichismo de la mercancía, pues en la sociedad capitalista se da desde que aparece la mercancía. No podemos “engangrenar” este fetichismo aislándolo del tejido que lo une a los modos de producción.

  12. Wesley González Quintero Says:

    El esfuerzo visual que se ejerce al intentar atisbar en una lejanía abstracta el trasfondo fetichista que alberga una mera mercancía, este objeto de carácter trivial, resulta empresa ardua de llevar a cabo para aquellos pocos que gozan de buena óptica, empero, el verdadero esfuerzo es embarcarse en la odisea que supone la lógica del Fetichismo de las mercancías.
    La mercancía, a simple vista, se nos muestra como material, estéril e inerte, sin ninguna capacidad más que su valor de uso, en otras palabras, el satisfacer una necesidad humana. Dada la simplicidad del propio valor de uso no hallaremos en el nada en cuanto que haga referencia al fetichismo del cual nos encontramos a la búsqueda de su refugio, en el que tendremos que rasgar ese velo que le da cobijo para sacar a la luz a este fotofóbico. Pero, si inferimos en la estructura de la mercancía de modo que nos encontremos en su fuero interno donde se acomoda todo un entramado fantástico e idílico, se entenderá sobremanera que aquello que pecaba de vacuidad gozaba, ciertamente, de una substancia propia de las deidades más excelsas. Antes de elevarnos hacia este orbe donde todo posee una personificación desmedida, donde todo nos remite, de forma inmediata, a ese mundo mítico en el que los aqueos confraternizaban con todo aquello que les rodeaba; es menester adentrarse en lo que desfila en derredor de la mercancía. Una mercancía posee un valor de uso en tanto que satisfaga una determinada necesidad. A su vez, posee un valor de cambio, en definitiva, la posibilidad de ser intercambiada por su equivalente, sea bajo la forma del dinero, o, lanzando una mirada al pretérito, por otra mercancía, siempre que esta última contenga un valor de uso que se diferencie de la primera, pues, de otra manera el cambio resultaría absurdo. De forma sintética, una mercancía se intercambia por un equivalente a su magnitud de valor. Haciendo abstracción tanto del valor de uso como del valor de intercambio de una mercancía se obtendrá como último término la fuerza de trabajo objetivada en el propio objeto producto de esa fuerza de trabajo, concretando, el gasto energético que ha supuesto la elaboración de ese objeto por el tiempo necesario para su producción, se habla, por ende, de la magnitud de valor del mismo.
    Ahora bien, todo trabajo privado tiene una relación directa con otros trabajos privados, formando la totalidad del acopio de trabajos privados lo que Marx denominará “trabajo global”. Al fin y al cabo los hombre, dada sus diferentes necesidades en espera de ser satisfechas, trabajan para otros hombres, formando, como se ha señalado, un trabajo global, dentro del cual yacen estos trabajos privados que a su vez producen valores de uso intercambiables, o lo que es lo mismo, mercancías que satisfacen diferentes necesidades.
    Retomando la temática central, ha de priorizarse el hecho de que todo trabajo cobra un carácter social, pues, éste se pone en relación con los demás en cuanto que ha de intercambiar su producción. Este carácter social es el foco central que puede guiar a aquellos que no gocen de tan buena óptica y capacidad de abstracción de Marx. Se ha de formular, por lo tanto, la problemática en la que nos encontramos atónitos: “¿De dónde proviene, pues, el carácter enigmático del producto de trabajo en cuanto que toma forma de mercancía?” Debemos centrarnos en que existe la necesidad recíproca de una igualdad de los diferentes trabajos, ya que, todo trabajo concreto contiene esta necesidad inmediata de relacionarse con otros trabajos, como bien expliqué anteriormente. Se da en estas relaciones estas relaciones laborales una sociabilidad, por la cual los individuos se intercambian mercancías de todo tipo. Este trabajo social deja su impronta en la propia mercancía, es decir, ésta última contiene en su materialidad el trabajo social objetivado. Para elaborar esa mercancía emanada de la propia mente del productor se ha menester tiempo y dedicación a la par que un gasto calórico; el trabajador ha creado a partir de ciertos recursos materiales y su ingenio un objeto capaz de contener un valor de intercambio. La mercancía pasa de ser un simple objeto a cobrar una dimensión divina que la hace erguirse como autónoma y henchida de atributos humanos enaltecidos. Se ha personificado una mercancía ¿Cómo es esto posible tratándose de un simple objeto pensado para cubrir una necesidad y al parecer, en comparación con el productor, ínfima? La mercancía es producida con el fin del intercambio por su equivalente. Se observa que existe una relación social entre las propias mercancías, ahora no ha de tratarse en una relación directa entre los propios hombres, sino de una relación de carácter social entre sus productos del trabajo, y en caso de que por cualquier curso tempestuoso del azar se diera la ausencia de esos productos del trabajo humano, la relación social se vería imposibilitada en el gélido ambiente capitalista. ¡Han cobrado vida! El productor se ha transformado en Prometeo y sus productos en sus retoños de carácter social. Análogamente, pongamos la vista en el elenco olímpico: Individuos antropomórficos que establecen una relación social con otros de su misma estirpe y con el ser humano. En efecto, una mercancía no sólo se relaciona con otras mercancías, sino además fomenta las relaciones propiamente humanas, resultan, por consiguiente, intermediarias sin las cuales no se darían la relación ulterior entre seres humanos, pues, ya no se contempla un interés por el que establecer esa relación.
    En definitiva, de forma sintética he podido esquematizar este concepto tan pródigo en nimias interpretaciones y simplemente “malas lecturas”. La riqueza del lenguaje conceptual que Marx propone en esta imponente obra, excede, en gran medida, el lenguaje filosófico convencional, impotente de poder elaborar una crítica de tal calibre. La capacidad de abstracción es quizá el rayo de luz más valeroso que lanza con ímpetu el filósofo; sin embargo, aquello que brota de sombras, meras opiniones sin esculpir, una mala lectura, una grotesca simplificación, una mala visión, es, sin duda, sólo las marchitas hojas caídas de un bosquejo que hoy la filosofía podemos llamar un simple páramo yermo.

  13. Luis Socas Says:

    Bienvenidos al mundo real, a día de hoy a principios aún de este siglo XXI, nos vemos controlados y cabe decir en un sentido literal que gobernados por el sistema capitalista, sistema que para empezar no es nada sin los individuos que lo mantienen, pero no solo eso, claro que no somos libres, todos y cada uno de nosotros los individuos, somos portadores de máscaras económicas funcionando y formando parte de los mecanismos de dicho sistema, “todo por y para el super sujeto intercambiador dios capital”.
    La riqueza viene representada en nuestro mundo real como el cúmulo o inmenso arsenal de mercancías y la mercancía en sí como su forma elemental, por ello es importante para comenzar comprender el engaño, el fetichismo de la mercancía que se produce según Marx en tales condiciones.
    El secreto que esconde la mercancía es el valor que ésta adopta en intercambio, por un lado el valor material objetivo inmanente(calidad y cantidad en tiempo determinado empleado para la producción de un concreto bien) “valeur intrinsique”. Por otro se nos viene encima el valor extrínseco subjetivo espectral que hace como si la relación social entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos prescindiendo totalmente de su propio productor, esto básicamente convierte al productor, al individuo, en un mero objeto social( es como si la mercancía en intercambio, que a diferencia del mar por ejemplo sin nosotros no existiría, ni ella ni sus funcionamientos, se alimentara de nosotros y perdurara ejerciendo esta de sujeto socializador, es como que nace a costa nuestra y nos domina y a la vez e instantáneamente no nos hace mínimo caso, desde el momento que nace comienza la muerte de nuestra subjetividad).al paso del tiempo no solo será nuestra subjetividad la que muera, recordemos la idea irracional para Marx de tal sistema que lleva a la destrucción de la humanidad o la división social del trabajo inherente a la mercancía(cuanta más mercancía, mayor y mas diferenciada división social surgirá).
    En términos generales, y como clave de este fetiche mercantil; El valor actuando como relación social se muestra como una propiedad material de las cosas ( “pensemos en la gelatina y sus concentraciones diferenciadas de color” y lo mucho o poco que nos llama la atención dicha cosa material),es más nosotros “le rezamos” al sujeto social alimentándolo como los musulmanes le rezan a Alá o los católicos a “Dios”. El cardumen de la cuestión se intenta abordar desde la posibilidad de si se puede ver el valor desde la metafísica de la presencia, resaltaremos aquí la existencia de una triple reducción en tono de valor; En primer lugar El trabajo individual se hace independiente, (solo es generador el trabajo socialmente necesario). por otro lado, . Los valores producidos son valor en tanto que encuentran en esa sociedad capitalista la forma de un ser para otro, o sea, el trabajo(distinción entre trabajo simple y trabajo compuesto). Por último, los precios no son automáticos (trabajo=trabajo para otros). Marx dejó muy claro que el valor es pura relación social.

  14. Noemi Pérez Says:

    En toda sociedad los individuos necesitan establecer entre sí relaciones de convivencia que fomenten la cooperación y su bienestar en cuanto a individuos que comparten unas necesidades.

    De esta manera, en los diversos sistemas económicos como es el capitalista estos individuos establecen relaciones para producir lo que la sociedad necesita y ejecutan estos sistemas con miras al bien general. Ahora bien, estas relaciones sociales que se establecen son intercambios de mercancía en los que el trabajador miembro de una sociedad pierde el propio poder de su persona para entregarse completamente al proceso de producción en el cual se producen estas mercancías que sirven a su vez como medida de intercambio, y poseen un valor de uso y un valor de cambio respectivamente. Podemos entender el valor de uso como la capacidad que tiene una mercancía para satisfacer necesidades, sabiendo que si no existieran, no tendría sentido alguna esta producción. Una vez que producimos lo que la sociedad necesita se ve la necesidad de buscar otra mercancía con el equivalente se su magintud de valor que le sirva de equivalente. Se entiende el valor de cambio como la capacidad que tiene una mercancía para intercambiarse con otra atendiendo a cuestiones fundamentales como son el tiempo invertido en su producción y además el gasto de fuerza de tranbajo que es en definitiva la maginitud de valor.

    Una vez atendido el valor de uso y el valor de cambio de una mercancía se concede especial interés a su carácter fetichista. Se ha visto ya como el individuo establece relaciones con otros individuos que tienen en común unas necesidades y además utilizan su fuerza humana. Entonces, el trabajo tiene la función de sociabilizar en la medida que tiene como objeto el suplir necesidades, unas necesidades que se ven satisfechas a causa del carácter social del individuo. Ahora bien, en esta relación social que se establece entre el individuo y la mercancía, el primero acaba siendo no más que un mediador de su producto de trabajo, de la segunda, por lo que sonsiguientemente se trata del fetichismo de que el objeto cobra un valor de uso social y emana del carácter social del trabajo productor de mercancía. Finalmente no valdrá el hombre más de lo que las mercancías valgan, y por ellas tiene la posibilidad de relacionarse con otros individuos que tienen también a la mercancía como su representante social.

  15. Kevin Díaz :D Says:

    Buenas peña xD, sólo decirles que los comentarios añadidos a esta sección resultan [uno más que otras] bastante esclarecedoras. Así pues, proseguiré con un añadido:

    En primer lugar, las sociedades capítalistas, al igual que cualquier tipo de sociedad humana, tiene como objetivo [entre otros], la producción humana, la construcción de individuos capaces de realizar aportaciones a partir de su fuerza de trabajo, generando el plustrabajo, necesario para la constitución de una sociedad. Ahora pues, observamos que en las sociedades capitalistas, existe un movimiento conativo autopoiético, es decir, para la perduración de la sociead capitalista, el Capital mismo, como sujeto automático, se regula en el proceso de creación y destrucción de sí mismo, y uno de sus métodos, es a partir de las leyes coactivas que determinan socioeconómicamente a las relaciones productivas, o su expresión jurídica, las relaciones de propiedad.

    En segundo lugar, me decantaré solo por la materialidad de la cosa como mercancía y no de los derechos ni los servicios que pueden ser prestados por la fuerza de trabajo humano. Así pues, nuestra producción nos es mostrada como “cosa” mercantilizada, cuyo interés es la satisfacción de las necesidades de otro, de ahí que la cosa con su valor de uso [y producto de la transformación de la materia prima] es valorizada en función de la equivalencia de otras mercancías en un contexto de interacción social, con “personalidad” y autonomización, es decir un estado hipostático, cuya subordinación con la genésis hace que desencadene una <> de la mercancia, siendo un fulgor revitalizante y fetichizante de la mercancia, vista como riqueza [que NO lo es], atribuyendo cualidades que carece, como por ejemplo, que el capital financiero, al inyectar dinero público en los bancos, generará “riqueza” y empleo, olvidando la importancia de las prestaciones sociales y el trabajo y esfuerzo humano.

    Sin divagar mucho, pues mi verborrea a veces me induce a un coloquio divagante, y muchas veces, ensordecedor [en este caso, cegador xD] , cabe destacar que quizás me equivoque, pero lo importante es destacar lo siguiente, y quiero dejarlo claro…

    – No somos, sino nos hacemos –

    Con esa idea, podemos pensar que el complejo mundo de las mercancías, y todo el entramado del Capital se integra, profundamente, en nuestra relaciones humanas. Nuestro amigos, nuestras familias… se ven inducidas por esas leyes coactivas del mercado y por el mismo fetichismo de las mercancias y del propio Capital, convirtiéndose en un nuevo Dios, acaparador de miradas indiscretas que buscan y desean con sumo anhelo una nueva forma de llevarnos a la misma esclavización de las personas [Parezco un profeta advirtiendo de la inminente llegada de una catástrofe xD]. Familias destruidas por las constantes peleas de herencias y matrimonios rotos que reclaman la custodia de unos hijos que se convierten en propiedades hasta que cumplan la mayoría de edad.

    Para concluir, dejo claro, que este discurso mío, es una producción poco preparada, momentánea y espero que no resulte ofensiva ni degradante para su vista [tampoco quiero que se qeden ciegos por mi culpa], como repito, solo es un pensamiento que me ha ido “martirizando” desde el inicio de la lectura de Marx que con la visión [a mi parecer] holística del ser humano, se puede llegar a entender todo el proceso histórico-social de la humanidad, con sólo un grupo de categorías.

    P.D: Wesley, como siempre, tu discurso, odiosamente apreciable ;), Noe sigue así *-*. Vaya pastel.

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