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TENDENCIA HISTÓRICA DE LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA*

Posted in Acumulación originaria, Apartado 7, Capítulo XXIV de El Capital, Marx, trabajo propio on 10 septiembre 2013 by haciaelcapital

¿A qué se reduce la acumulación originaria del capital, es decir, su génesis histórica? En tanto que no es la transformación directa del esclavo y del siervo de la gleba en obrero asalariado, o sea, un simple cambio de forma, la acumulación originaria significa solamente la expropiación del productor directo, o lo que es lo mismo, la destrucción de la propiedad privada basada en el trabajo propio.

La propiedad privada, por oposición a la social, colectiva, sólo existe allí, donde los medios de trabajo y las condiciones externas de éste pertenecen a particulares. Pero el carácter de la propiedad privada es muy distinto, según que estos particulares sean los trabajadores o los que no trabajan. Las infinitas modalidades que a primera vista presenta la propiedad privada no hacen más que reflejar los estados intermedios situados entre esos dos extremos.

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La propiedad privada del trabajador sobre sus medios de producción es la base de la pequeña producción y ésta es una condición necesaria para el desarrollo de la producción social y de la libre individualidad del propio trabajador. Cierto es que este modo de producción existe también bajo la esclavitud, bajo la servidumbre de la gleba y en otras relaciones de dependencia. Pero sólo florece, sólo despliega todas sus energías, sólo conquista la forma clásica adecuada allí donde el trabajador es propietario privado y libre de las condiciones de trabajo manejadas por él mismo, el campesino dueño de la tierra que trabaja, el artesano dueño del instrumento que maneja como virtuoso.

Este modo de producción supone el fraccionamiento de la tierra y de los demás medios de producción. Excluye la concentración de éstos y excluye también la cooperación, la división del trabajo dentro de los mismos procesos de producción, el dominio y la regulación social de la naturaleza, el libre desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad. Sólo es compatible con unos límites estrechos y primitivos de la producción y de la sociedad. Querer eternizarlo, equivaldría, como acertadamente dice Pecqueur, a «decretar la mediocridad general»[37]. Pero, al llegar a un cierto grado de progreso, él mismo crea los medios materiales para su destrucción. A partir de este momento, en el seno de la sociedad se agitan fuerzas y pasiones que se sienten aherrojadas por él. Hácese necesario destruirlo, y es destruido. Su destrucción, la transformación de los medios de producción individuales y desperdigados en medios socialmente concentrados de producción, y por tanto de la propiedad minúscula de muchos en propiedad gigantesca de unos pocos; la expropiación de la gran masa del pueblo, privándola de la tierra y de los medios de vida e instrumentos de trabajo, esta horrible y penosa expropiación de la masa del pueblo forma la prehistoria del capital. Abarca toda una serie de métodos violentos, entre los cuales sólo hemos pasado revista aquí a los que han hecho época como métodos de acumulación originaria del capital. La expropiación de los productores directos se lleva a cabo con el más despiadado vandalismo y bajo el acicate de las pasiones más infames, ruines, mezquinas y odiosas. La propiedad privada fruto del propio esfuerzo y basada, por decirlo así, en la compenetración del obrero individual e independiente con sus condiciones de trabajo, es desplazada por la propiedad privada capitalista, que se basa en la explotación de la fuerza de trabajo ajena, aunque formalmente libre[*].

Una vez que este proceso de transformación ha corroído suficientemente, en profundidad y extensión, la sociedad antigua, una vez que los productores se han convertido en proletarios y sus condiciones de trabajo en capital, una vez que el modo capitalista de producción se mueve ya por sus propios medios, el rumbo ulterior de la socialización del trabajo y de la transformación de la tierra y demás medios de producción en medios de producción explotados socialmente, es decir, sociales, y por tanto, la marcha ulterior de la expropiación de los propietarios privados, cobra una forma nueva. Ahora ya no es el trabajador que gobierna su economía el que debe ser expropiado, sino el capitalista que explota a numerosos obreros.

Esta expropiación se lleva a cabo por el juego de leyes inmanentes de la propia producción capitalista, por la centralización de los capitales. Un capitalista devora a muchos otros. Paralelamente a esta centralización o expropiación de una multitud de capitalistas por unos pocos, se desarrolla cada vez en mayor escala la forma cooperativa del proceso del trabajo, se desarrolla la aplicación tecnológica consciente de la ciencia, la metódica explotación de la tierra, la transformación de los medios de trabajo en medios de trabajo que sólo pueden ser utilizados en común, y la economía de todos los medios de producción, por ser utilizados como medios de producción del trabajo combinado, del trabajo social, el enlazamiento de todos los pueblos por la red del mercado mundial y, como consecuencia de esto, el carácter internacional del régimen capitalista. A la par con la disminución constante del número de magnates del capital, que usurpan y monopolizan todas las ventajas de este proceso de transformación, aumenta la masa de la miseria, de la opresión, de la esclavitud, de la degradación y de la explotación; pero aumenta también la indignación de la clase obrera, que constantemente crece en número, se instruye, unifica y organiza por el propio mecanismo del proceso capitalista de producción. El monopolio del capital se convierte en traba del modo de producción que ha florecido junto con él y bajo su amparo. La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo llegan a tal punto que se hacen incompatibles con su envoltura capitalista. Esta se rompe. Le llega la hora a la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados.

El modo capitalista de apropiación que brota del modo capitalista de producción, y, por tanto, la propiedad privada capitalista, es la primera negación de la propiedad privada individual basada en el trabajo propio. Pero la producción capitalista engendra, con la fuerza inexorable de un proceso de la naturaleza, su propia negación. Es la negación de la negación. Esta no restaura la propiedad privada, sino la propiedad individual, basada en los progresos de la era capitalista: en la cooperación y en la posesión colectiva de la tierra y de los medios de producción creados por el propio trabajo.

La transformación de la propiedad privada dispersa, basada en el trabajo personal del individuo, en propiedad privada capitalista es, naturalmente, un proceso muchísimo más lento, más difícil y más penoso de lo que será la transformación de la propiedad privada capitalista, que de hecho se basa ya en un proceso social de producción, en propiedad social. Allí, se trataba de la expropiación de la masa del pueblo por unos cuantos usurpadores; aquí, de la expropiación de unos cuantos usurpadores por la masa del pueblo[**].

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[*] «Hemos entrado en un régimen social totalmente nuevo… tendemos a separar todo tipo de propiedad de todo tipo de trabajo» [Sismondi. Nouveaux Principes de l’Économie Politique («Nuevos principios de la Economía política,), t. II, Paris, 1827, p. 434].

[**] «El progreso de la industria, del que la burguesía, incapaz de oponérsele, es agente involuntario, sustituye el aislamiento de los obreros, resultante de la competencia, por su unión revolucionaria mediante la asociación. Así, el desarrollo de la gran industria socava bajo los pies de la burguesía las bases sobre que ésta produce y se apropia lo producido. La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables… De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía, sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto más peculiar. Los estamentos medios —el pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el campesino—, todos ellos luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales estamentos medios. No son, pues, revolucionarios, sino conservadores. Más todavía, son reaccionarios, ya que pretenden volver atrás la rueda de la Historia» (C. Marx y F. Engels. Manifiesto del Partido Comunista. Londres, 1848, págs. 9, 11) [véase la presente edición, t. 1, págs. 122, 120].

NOTAS

[37] C. Pecqueur. Théorie nouvelle d’économie sociale et politiques, ou Études sur l’organisation des sociétés («Nueva teoría de la economía social y política, o Estudios sobre la organización de las sociedades»), Paris, 1842, p. 435.- 149

*Referencias del texto:

Bajo el rótulo de “Tendencia histórica de la acumulación capitalista” se cierra el último de los siete apartados que conforman el capítulo XXIV de “El Capital”.   

Publicado por vez primera: en el libro: K. Marx. Das Kapital. Kritik der politischen Oekonomie. Erster Band, Hamburg, 1867.

Versión al castellano: Instituto del Marxismo-Leninismo & Editorial Progreso, Moscú.  Traducido del alemán.

Digitalización: Ediciones Bandera Roja

Fuente: C. Marx & F. Engels, Obras Escogidas (en tres tomos), tomo II, Editorial Progreso, Moscú, 1974.

Esta edición: Marxists Internet Archive, 2002.

Consultar otra traducción: Marx, K. 1987. El Capital. Tomo I/Vol.3. Libro primero. El proceso de producción del capital. México: Siglo XXI pp. 951-954

Fetichismo de la mercancía I

Posted in El Capital de Marx, Fetichismo de la mercancía, Karl Marx, Marx, Uncategorized on 17 septiembre 2012 by haciaelcapital

¿De dónde procede, entonces, el carácter misterioso que presenta el producto del trabajo, tan pronto como reviste forma de mercancía? Procede, evidentemente, de esta misma forma. En las mercancías, la igualdad de los trabajos humanos asume la forma material de una objetivación igual de valor de los productos del trabajo, el grado en que se gaste la fuerza humana de trabajo, medido por el tiempo de su duración, reviste la forma de magnitud de valor de los productos del trabajo, y, finalmente, las relaciones entre unos y otros productores, relaciones en que se traduce la función social de sus trabajos, cobran la forma de una relación social entre los propios productos de su trabajo.

El carácter misterioso de la forma mercancía estriba, por tanto, pura y simplemente, en que proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de éstos como si fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores. Este quid pro quo es lo que convierte a los productos de trabajo en mercancía, en objetos físicamente metafísicos o en objetos sociales. Es algo así como lo que sucede con la sensación luminosa de un objeto en el nervio visual, que parece como si no fuese una excitación subjetiva del nervio de la vista, sino la forma material de un objeto situado fuera del ojo. Y, sin embargo, en este caso hay realmente un objeto, la cosa exterior, que proyecta luz sobre otro objeto, sobre el ojo. Es una relación física entre objetos físicos. En cambio, la forma mercancía y la relación de valor de los productos del trabajo en que esa forma cobra cuerpo, no tiene absolutamente nada que ver con su carácter físico ni con las relaciones materiales que de este carácter se derivan. Lo que aquí reviste, a los ojos de los hombres, la forma fantasmagórica de una relación entre objetos materiales no es más que una relación social concreta establecida entre los mismos hombres. Por eso, si queremos encontrar una analogía a este fenómeno, tenemos que remontarnos a las regiones nebulosas del mundo de la religión, donde los productos de la mente humana semejan seres dotados de vida propia, de existencia independiente, y relacionados entre sí y con los hombres. Así acontece en el mundo de las mercancías con los productos de la mano del hombre. A esto es a lo que yo llamo el fetichismo bajo el que se presentan los productos del trabajo tan pronto como se crean en forma de mercancías y que es inseparable, por consiguiente, de este modo de producción.

El capital, cap. I, ap. 4

RESIGNACIÓN. SOBRE TEORÍA Y PRAXIS

Posted in "Do it yourself", "hazlo tú mismo", acción colectiva, acciones, activismo, anarquismo, artistas, conciencia, consecuencias prácticas, debilidad subjetiva, Escuela de Frankfurt, Freud, Habermas, Ilustración, intelectuales, intolerancia, izquierda hegeliana, kantiano, Marx, medios de producción, mundo administrado, objetivo, opresión, pensamiento, pensamiento autónomo, praxis, predominio de la praxis, producción, programas de acción, progresistas, pseudoactividad, pseudorealidad, realización, regresión, represión, resignación, sociedad, teoría, teoría crítica, undecima Tesis sobre Feurbach, unidad de teoría y praxis, utopía on 3 enero 2010 by haciaelcapital

 

                               Theodor W. Adorno

 

A nosotros, los más antiguos representantes de lo que se ha llamado Escuela de Frankfurt, se nos ha reprochado recientemente el haber caído en la resignación. Si bien es cierto que habríamos desarrollado elementos de una teoría crítica de la sociedad, se nos reprocha que no hemos estado dispuestos a extraer de ella las consecuencias prácticas, ni dado programas de acción, ni tampoco apoyado acciones de aquellos que se sienten impulsados por la teoría crítica. Prescindo de la cuestión de si algo así puede ser exigido a pensadores teóricos, que en cierta medida no son otra cosa que instrumentos sensibles y frágiles. La posición que les ha correspondido ocupar en la sociedad de la división del trabajo puede ser cuestionable, y posiblemente estén deformados por ésta. No obstante, han cobrado forma a través de ella y, desde luego, no pueden suprimir por mera voluntad lo que han llegado a ser.

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MERCANCÍA

Posted in Marx, mercancía, valor de cambio, valor de uso on 9 noviembre 2009 by haciaelcapital

Clase 5 nov. 2009 según los apuntes de Eladio Chinea (revisado por el profesor)

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  1. 1.      La mercancía como comienzo

El primer capítulo de El Capital se titula “la mercancía”. Ese comienzo, precisamente ese comienzo, requiere una explicación.

Marx nos hizo saber  ya: que el libro tiene por objeto “el modo de producción capitalista y las relaciones de producción e intercambio a él correspondientes”; que se propone “sacar a la luz la ley económica que rige el movimiento de la sociedad moderna”.  Pero, la necesidad de un trabajo de ilustración –“sacar a la luz”- indica que esa ley se encuentra oculta. Marx plantea el acceso a eso encubierto, por así decirlo, “intentio obliqua”-. No a través de una exposición directa de esa ley, sino de un proceso de ir ganándola por medio de la ciencia más refinada que se ha dado a sí misma esa “sociedad moderna”: la economía política. Así, el medio teórico para el desvelamiento de aquella ley se concibe como: crítica de la economía política.

En la carta a Lassalle de 22 de febrero de 1858, Marx expuso la idea de esa crítica del modo siguiente: “El trabajo [Kapital] de que se trata es, en primer lugar, la crítica de las categorías económica o bien, if you like, el sistema de la economía burguesa presentado en forma crítica. Es un cuadro del sistema y, a la vez, la crítica del mismo a través de su propia exposición”.

Habría mucho que pensar aquí sobre la conexión con Hegel –en especial con la Lógica-, y la cuestión de la dialéctica materialista…. Lo primordial ahora es quedarse con el programa de trabajo que se propone: una exposición crítico-sistemática de la economía política a través de sus categorías fundamentales.

Pues bien, la categoría con la se comienza es “mercancía”. Marx no explica de forma concluyente por qué ese comienzo –al final del camino de El Capital, quebrado e interrumpido, se llega a entender –dice el profesor- que no podría haber sido otro el comienzo. Hay una fuerza conclusiva “a tergo” que justifica la necesidad de ese comienzo, -el profesor nos pide que le creamos si queremos. Es un problema que queda de todos modos abierto a interpretaciones posteriores.

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EL CONTRADICTORIO MOVIMIENTO CIVILIZATORIO DEL CAPITAL

Posted in Capital, ciencia natural, circulación, cualidades físicas y espirituales, desarrollos locales, dinero, división del trabajo, EL CAPITAL, explotación de toda la naturaleza, fuerzas productivas, ideolatria de la naturaleza, industria, industria universal, la circulación se presenta como un momento de la producción, la gran influencia civilizadora del capital, la producción del hombre como un producto social, la satisfacción tradicional, la sociedad burguesa, límite, Marx, mercado mundial, Movimiento civilizatorio, nuevas ramas de la producción, objeto, plustrabajo, plusvalía relativa, plusvalia absoluta, prejuicios nacionales, puntos de cambio, revolución constante, tiempo suplementario, trabajo objetivado, valor de uso on 30 octubre 2009 by haciaelcapital

 

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La creación de plusvalía absoluta por el capital —más trabajo objetivado— tiene como condición que se amplíe el ámbito de 1a circulación y que se amplíe además constantemente. La plusvalía creada en un punto requiere la creación de plusvalía en otro punto, por la cual ella se pueda cambiar; aunque en un primer momento se trate solamente de producción de más oro y plata, de más dinero, de forma tal que, si la plusvalía no puede convertirse inmediatamente de nuevo en capital, pueda existir en la forma del dinero como posibilidad de nuevo capital. Una condición de la producción  basada sobre el capital es, por lo tanto, la producción e un círculo de la circulación continuamente ampliado, bien sea que el círculo es directamente ampliado, o que son creados más puntos en el mismo como puntos de producción. Si la circulación se presentaba al principio como una magnitud dada, aquí se presenta como una magnitud variable, y como una magnitud que se expande mediante la producción misma. Consiguientemente, la circulación se presenta como un momento de la producción. De la misma forma que el capital tiene por un lado la tendencia a crear continuamente más plustrabajo, también tiene por otro la tendencia complementaria de crear más puntos de cambio; es decir, aquí desde el punto de vista de la plusvalía absoluta o del plustrabajo absoluto, el capital tiene la tendencia a necesitar más plustrabajo como complemento de sí mismo;  au  fond el capital tiene la tendencia a propagar la producción basada sobre el capital o el modo de producción a él correspondiente. La tendencia a crear el mercado mundial viene dada inmediatamente en el concepto de capital. Todo límite se presenta como un límite a superar. Ante todo el capital tiene la tendencia a someter todo momento de la producción al cambio y a negar la producción de valores de uso inmediatos, que no entran en el cambio, es decir, tiene la tendencia a co1ocar precisamente la producción basada sobre el capital en lugar de modos de producción anteriores y, desde su punto de vista, primitivos. El comercio ya no se presenta aquí como una función que tiene lugar entre producciones independientes para el cambio de su excedente, sino como un presupuesto esencial omnicomprensivo y como un momento de la producción misma.

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CONTRADICCIÓN CARDINAL DEL CAPITALISMO

Posted in Aumento ilimitado de la producción, Capital, Conflicto, Contradicción, Desarrollo incondicional de las fuerzas productivas sociales del trabajo, EL CAPITAL, el capital y su autovalorización, El mercado mundial, El verdadero límite de la producción capitalista, La expropiación y empobrecimiento de la gran masa, La producción como fin en sí mismo, Los medios de producción, Los productores, Marx, Medio histórico, Objetivo de la producción, Sociedad de productores, Uncategorized on 20 octubre 2009 by haciaelcapital

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El verdadero límite de la producción capitalista lo es el propio capital; es éste: que el capital y su autovalorización  aparece como punto de partida y punto terminal, como motivo y objetivo de la producción; que la producción sólo es producción para el capital, y no a la inversa, que los medios de producción son meros medios para un desenvolvimiento constantemente ampliado del proceso vital, en beneficio de la sociedad de los productores. Los límites dentro de los cuales únicamente puede moverse la conservación y valorización del valor de capital, las que se basan en la expropiación y empobrecimiento de la gran masa de los productores, eso límites entran, por ello, constantemente en contradicción con los métodos de producción que debe emplear el capital para su objetivo, y que apuntan hacia un aumento ilimitado de la producción, hacia la producción como fin en sí mismo, hacia un desarrollo incondicional de las fuerzas productivas sociales del trabajo. El medio –desarrollo incondicional de las fuerzas productivas sociales- entra en constante conflicto con el objetivo limitado, el de la valorización del capital existente. Por ello, si el modo capitalista de producción en un medio histórico para desarrollar la fuerza productiva material y crear el mercado mundial que le corresponde, es al mismo tiempo la constante contradicción entre esta su misión histórica y las relaciones sociales de producción correspondientes a dicho modo de producción.

 (El Capital. Siglo XXI, Vol. 6, pág. 321)

MARX Y LA GLOBALIZACIÓN

Posted in Ciro Mesa Moreno, Marx, Marx y la globalización on 16 octubre 2009 by haciaelcapital

                       

                                  Ciro Mesa

  El proceso para el que actualmente se utiliza la palabra “globalización” fue un tema central del materialismo histórico. Marx consideraba que la constitución del mercado mundial y la expansión del capitalismo hasta convertirse en un sistema universal era una tendencia inmanente del capital. Su argumento se basaba en la tesis de que lo que denomina “trabajo objetivado” (mercancías, dinero, medios de producción) sólo puede reproducirse como capital si se amplía de forma constante el círculo de la producción y el intercambio capitalista. La propia subsistencia del capital depende de su expansión constante. El capitalismo, piensa Marx, tiene que tender por su propia dinámica a mundializarse. Y puede conseguirlo. La enorme capacidad que genera para producir mercancías a bajo coste actúa -así se formula gráficamente en el Manifiesto– como la artillería pesada con que “demuele todas las murallas chinas y los prejuicios locales”. Adoptar ese modo de producción se convierte en cuestión de supervivencia, y ante su fuerza civilizatoria todas las peculiaridades culturales o nacionales deben hacerse funcionales con el capital o desaparecer. El capitalismo, según Marx, está llamado a constituirse como civilización universal que troquela el mundo a su imagen y semejanza.

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